lunes, 21 de mayo de 2012

El Gran Imperio Inca


El Imperio Inca, el más grande de todos los estados precolombinos, se elevó a la grandeza en menos de un siglo. Alrededor de 1300, la tribu se asentó en un valle en lo alto de los Andes peruanos en donde estableció su capital, Cuzco. Inicialmente era sólo un grupo entre muchos, involucrado en constantes conflictos de poca importancia y no fue hasta 1438, cuando el Inca Pachacuti accedió al trono, que se estableció en el estado Inca fuertemente centralizado y se conquistaron vastos territorios, a sangre y fuego.
El Imperio Inca se baso en antiguas tradiciones de estado y civilización del Perú. La primera civilización andina, chapín había sido fundada cerca de 2500 años antes y había sido sucedida por un cambiante calidoscopio de ciudades y pueblos. Entre los años 500 y 1000 emergieron dos imperios que dominaban la mayor parte de los Andes centrales y meridionales y partes de la costa. El primero de ellos recibió el nombre de su capital, Tihuanaco, una populosa ciudad situada en el desolado altiplano de Bolivia y centro de peregrinación de los Andes. El segundo imperio, Huari, estaba centrado más hacia el norte. Ambos imperios administraban sus extensos territorios desde centros creados en forma planificada, donde funcionarios de gobierno supervisaban las amplias obras públicas realizadas por sus habitantes como tributo laboral. Los Incas darían buen uso a estos sistemas de administración.
Los incas también aprendieron mucho de la magnifica civilización Chimú que domino la costa norte del Perú desde alrededor del año 700 hasta su derrota por los Incas en 1476. Los Incas adoptaron la eficaz política colonial y la red de comunicaciones de los chimúes y asimilaron sus técnicas de fundición de metales, textiles y la producción masiva de alfarería.
Ninguno de estos imperios primitivos igualo al Inca en tamaño. En su apogeo, entre 1493 y 1525, el imperio Inca abarcaba un área de aproximadamente 3500km de longitud, adentrándose hacia el interior, desde la costa, un promedio de 320km. Los éxitos militares Incas se debían al entrenamiento de jóvenes nobles a los que se inculcaba actitudes belicosas y a la existencia de un ejército permanente que podía alcanzar con prontitud todas las comarcas del imperio. La extensa red de caminos permitía que las noticias viajaran con celeridad y también permitía a las tropas llegar a lugares conflictivos con un mínimo de demora. Los incas desarrollaron grandes carreteras en la costa y en las montañas unidas por caminos conectados entre si que totalizaban aproximadamente 40000km. Solo los viajeros oficiales podían usar los caminos y permanecer en los mas de 1000 tambos o refugios de descanso situados a intervalos de un día de viaje. Muchos caminos tenían apenas un metro de ancho, adecuados solo para peatones y llamas con carga, aunque los caminos principales llegaban hasta los 16 mts de ancho para permitir el paso a los ejércitos. Los mensajes eran llevados por los chasquis, corredores de relevo que podían cubrir cerca de 250 km al día; cada hombre corría dos o tres kilómetros. Los caminos eran construidos con el sistema de trabajo obligatorio denominado “mita”; se excavaban túneles a través de despeñaderos, se edificaban las calzadas cruzando ciénagas y precipicios, conectándolas por puentes colgantes de piedra o de madera de hasta 70mts de largo.
Estos caminos también se utilizaban para el transporte de grandes cargamentos que se llevaban a espalda de hombre o lomo de llamas a los depósitos regionales de alimento. En Huanuco Pampa los graneros podían contener 36 millones de litros de grano y muchas de estas ciudades eran centros de producción industrial donde grandes fábricas de tejido y alfarería producían a escala masiva artículos altamente estandarizados. Había poco espacio para la creatividad individual. La cerámica inca, por ejemplo, muestra poca variación en la forma o decoración y está adornada en su totalidad con diseños geométricos pintados a espacios regulares. Las herramientas de metal y piedra, los adornos metálicos, como pequeñas figuras de hombres y animales, y los diseños textiles eran todos similarmente uniformes.
A medida que el Imperio Inca se extendía, se construyeron nuevas ciudades en áreas recientemente conquistadas. Los administradores locales gravaban a los productos agrícolas y artículos elaborados, como telas y cerveza de maíz con tributos de aproximadamente 66%. También utilizaron el trabajo forzoso, o mita, en proyectos de construcción de caminos, sistemas de riego y alcantarillado, construcción de terrazas agrícolas, trabajos de extracción en canteras y minas, así como en la construcción de ciudades y de las imponentes fortalezas estatales.
Es sorprendente que esta compleja burocracia no tuviera alguna forma de escritura. Los registros se mantenían en quipus, trozos de cordeles que eran anudados a intervalos significativos, a cuyo cargo estaba una clase especial de administrador, el quipucamayoc. Estos registros de tributos e impuestos se basaban en un sistema decimal de cálculo, pero pueden haber servido también como una “ayuda-memoria” para información de carácter histórico y cultural.
La jerarquía social estrictamente regulada del estado inca tenía forma piramidal. En la cúspide estaba el Zapan Inca, el monarca absoluto en asuntos políticos, religiosos y militares. Se creía que el Zapan Inca descendía del Dios Sol, la principal deidad inca. La aristocracia, esencialmente parientes del Zapan Inca, se desempañaba en cargos de consejeros y gobernadores provinciales. Su deidad más importante era Viracocha, el Dios Creador. Los funcionarios de menor rango eran responsables en último término ante el Zapan Inca a través de su representante en el rango inmediatamente superior, lo que garantizaba el control de todos los niveles de la sociedad. En la base estaban los campesinos, cuya laboriosa agricultura de riego constituía el fundamento económico del estado inca y que continuaban adorando a espíritus locales de manantiales y piedras sagradas junto con el culto oficial inca al Sol.
El sistema adolecía de dos graves defectos: en primer lugar, sin una cabeza efectiva el estado se desmoronaría, puesto que ya no había ninguna cohesión entre las clases de la sociedad: en segundo lugar, no existía una línea bien definida de sucesión al trono. Para infortunio de los incas, la llegada de Francisco Pizarro y sus huestes en 1532 coincidió con una disputa de sucesión en el imperio inca lo que permitió a los españoles capturar al Zapan Inca por medio de un ardid. Pronto el Imperio Inca dejó de serlo, los templos fueron despojados de sus ornamentos y el sistema socio-político andino, que había evolucionado por mas de 5000 años, recibió un golpe mortal del que nunca se recuperó


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